sábado, 1 de noviembre de 2014

Reseña publicada en Mucho más que un libro, 1 de noviembre de 2014 No es cierto que ayer no existiera la novela negra escrita en lengua catalana, pero tampoco podemos afirmar que hoy puede considerarse consolidada”. Así opinaba Àlex Martín Escribà (Barcelona,1974), investigador del género negro y policíaco y coorganizador del Congreso de Novela y Cine Negro de Salamanca, en la charla sobre La novel·la negra i policíaca catalana que impartió el pasado 31 de octubre en la biblioteca La Bòbila, de L’Hospitalet. En los años 80 del pasado siglo, la mayoría de los especialistas, como Xavier Coma (1986) opinaba “que la novela negra catalana todavía no había nacido”. Treinta años después, se dice que “no solo hemos nacido sino que nos hemos consolidado, pero yo demostraré hoy que no es así”, afirmó Martín Escribà. Durante su disertación, el autor de diversos interesantes ensayos sobre el género negro, como La cua de palla. Retrat en groc i negre (2011), escrito conjuntamente con Jordi Canal, o Historia, memoria y sociedad en el género negro: literatura, cine, televisión y cómic (2013), con Javier Sánchez Zapatero, entre otros, demostró, efectivamente, que la novela policiaca en catalán ya existía en la primera mitad del siglo XX. Así, citó diversos títulos, entre los que destacamos El collar de la Núria (1927), de Cèsar August Jordana, Com vaig assassinar Georgina (1930), de Domènec Guansé y El crim (1936), de Mercè Rodoreda. Es, sin embargo, Rafael Tasis (1906-1966), el primer autor que reivindica la novela policiaca barcelonesa y urbana. Escribe La Bíblia valenciana (1954), que sitúa la acción en la Barcelona de 1934, És hora de plegar (1956) y Un crim al Paral·lel (1960), mientras que otros autores, como Maurici Serrahima y Maria Aurelia Campmany publican Estimat Senyor Fiscal (1955) y Vés-te’n ianqui, respectivamente. Entre la década de los 50 y 60 del pasado siglo, Manuel de Pedrolo (1918-1990), Premi d’Honor de les Lletres Catalanes y considerado el padre de la novela negra catalana, escribe cuatro novelas negras: Es vessa una sang fàcil (1954), L’inspector arriba tard (1960), Joc brut (1965) y Mossegar-se la cua (1967). Estas dos últimas obras se publican en la mítica colección de novela negra La Cua de Palla, que Pedrolo dirige entre 1963 y 1970. En los años 70, Jaume Fuster (1945-1998) publica De mica en mica s’omple la pica (1972), novela negra protagonizada por el investigador ocasional, Enric Vidal. La obra alcanza la friolera de 250.000 ejemplares vendidos. Fuster, que también escribe La corona valenciana (1982) en homenaje a Rafael Tasis e inicia la saga del “duro” detective barcelonés, Lluís Arquer, con Les claus de vidre (1984), es el creador de l’Associació d’Escriptors en Llengua Catalana en 1977. Los años 80 ven el nacimiento de colecciones como La Negra de La Magrana, pero la década de los 90 inaugura una profunda crisis en la literatura negrocriminal. Es a partir del año 2000 cuando empieza el “boom” de la novela negra y policiaca en catalán basada en dos grandes corrientes narrativas: la que se inclina por “la serialidad, el costumbrismo y el discurso del desencanto, y la que nos habla de la inmediata actualidad y ejerce la función de crónica social e histórica“. Pertenecen a esta segunda corriente, La mala dona, de Marc Pastor o Aire brut, de Lluís Bosch. Actualmente, la novela negra en catalán cuenta con cuatro colecciones: Llibres del Delicte, Crims.cat, de Editorial Alrevés, La Negra de La Magrana y Polar, de Curbet Edicions, y con premios literarios, como el Crims de Tinta o el Memorial Agustí Vehí. Se traducen muchos títulos y abundan las jornadas y los festivales. Tiana Negra, que en enero de 2015 celebrará su tercera edición, Collbató Negre y Castelló Negre son algunos de estos festivales, “y cuantos más hayan, mejor”, afirma Àlex Martín Escribà. “Cincuenta años de producción no consolidan un género, pero sí hemos llegado a una normalidad”, apunta el conferenciante, que reivindica, también, la calidad de los autores catalanes. “Si Remor de serps, de Agustí Vehí, o Aire brut, de Lluís Bosch, por citar solo dos ejemplos, se tradujeran al castellano tendrían mucho éxito”, asegura. Conclusión: la novela negra catalana ha recorrido un largo camino, pero aún le quedan muchos retos por resolver. La proyección en el exterior de nuestros autores y el acceso del género negro a la Universidad son algunos de estos dificiles retos. ¡Hay que continuar!

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